jueves, 29 de mayo de 2008

¡Viva la clase media!

Así se hacen grandes los países, acortando las diferencias entre ricos y pobres, de manera que se origine una clase media. Por suerte, en el mundo del fútbol este estrato social, el de los currantes no mediáticos, se puede comprar y, además, por muy buen precio.

Guardiola, sabedor de que las alturas han terminado por dar vértigo al Barça, parece que va a apostar por un tipo de jugador de corte poco mediático, currante y con muchas ganas de triunfar en un club grande. Y, además, a poder ser de la casa. En fin, me alegro de que aquel morir de éxito que sufrió la élite del fútbol azulgrana se subsane con el triunfar de éxito que se está buscando en este nuevo ciclo mediante la clase honrada y trabajadora. Ya saben, los Piqué, Keita, Hleb, Güiza, Sergio García, Martín Cáceres…

miércoles, 28 de mayo de 2008

Amor en la red...

Primera clase en ordenadores y llegó el despilfarro. Cuesta, sabedor del vicio número 1 de la juventud del s. XXI, advirtió al alumnado de que se dejara de encender el msn y el Hotmail porque sino habría represalias. Lógicamente, con un tono cariñoso y amigable.

La clase del pasado viernes fue divertida y entre direcciones IP, número de visitas y del.licio-us se pudo oír a un alumno asegurar de que el amor es infinito. En fin, una clase muy agradable en la que la parte más dura fue al principio, cuando Cuesta nos contó y definió que se entiende técnicamente por red, qué significa cada apartado de una dirección y no sé cuántas cosas más que nos sirven de base para empezar a levantar un gran edificio.

En fin, las clases empiezan a respirar amor…

jueves, 22 de mayo de 2008

Vuelve el profesor Virtual

Desde que conocí a Albert Cuesta hace ahora cosa de dos años, siempre le consideré el profesor Virtual por excelencia. Cierto, él es de carne y hueso, pero con un simple clic es capaz de abrir la puerta de clase, apagar las luces y borrar la pizarra. Pero el hecho que más convierte a Cuesta en un profesor Virtual es, sin duda, que es el único docente que en toda la historia de la universidad nunca ha pedido ayuda a los alumnos para encender el ordenador o el proyector. ¡Milagro!

Cuesta nos ofreció el pasado viernes una clase introducción de la asignatura. Lo que vulgarmente podríamos llamar un prólogo. En ella también nos iniciamos en la blogosfera y creamos un blog comunitario de la promoción del postgrado. Pero lo mejor de la hora y media de clase fue el último tramo, en el que Albert nos enseñó algunos trucos de la red, y en el que no pudimos resolver una gran duda: ¿se escribe postgrado o postgrado? Veremos si este viernes lo solucionamos.

MakeleOlé

Incombustible. Esta es la primera y última palabra que me viene a la mente cuando se trata de hablar de Claude Makelele. Este francés nacido en el Congo hace 35 años no se termina nunca, su leyenda se agranda año tras año y, a veces, me recuerda al vino, como más viejo, más bueno. Quizás no estemos hablando de un vino con denominación de calidad, pero sí de un vino peleón. Del mejor de los peleones.

Makelele, aquel escudero que hizo grande a Zidane, parece que no se canse nunca. Está en todas las partes del campo durante los noventa minutos, salta como nadie ante los balones aéreos, pese a su escasa estatura, y en el cuerpo a cuerpo se convierte en Goliath cuando en verdad es como David. Claude es aquel jugador que todo equipo debe tener. La entrega, la omnipresencia y la destrucción que atesora son su mejor aval ante sus pies cuadrados. Unos pies que eran el principio de las mejores jugadas de Zizou, tanto con los bleus como con el Madrid. Pero eso Florentino nunca lo entendió, y como Makelele ni es guapo, ni es alto ni vende camisetas, ese presidente autodenominado ser superior le obligó a abandonar un equipo de galácticos…para dar paso, acto seguido, al galacticidio.


Quizás Makelele no será nunca el mejor jugador de fútbol de la historia, ni aparezca en un equipo de estrellas mundiales; pero su trabajo oscuro es el que más agradecen las grandes estrellas que juegan a su lado. Ya lo dice Gattuso de él mismo: “si marcara goles, sería el jugador perfecto”. Lo mismo le pasaría a Claude, aquel futbolista que no quiere ser galáctico, ni desea hacer anuncios, sino que se conforma con ser el dueño del centro del campo. Los goles, si eso, ya los marcaran los cracks. Lo dicho, incombustible.

publicado también en Debate21